¿El calor libera amianto? Mitos y realidades sobre las altas temperaturas

Almacenamos o accedemos a información en un dispositivo, tales como cookies, y procesamos datos personales, tales como identificadores únicos e información estándar enviada por un dispositivo, para anuncios y contenido personalizados, medición de anuncios y del contenido e información sobre el público, así como para desarrollar y mejorar productos.
Con su permiso, podemos utilizar datos de localización geográfica precisa e identificación mediante las características de dispositivos. Puede hacer clic para otorgarnos su consentimiento a nosotros para que llevemos a cabo el procesamiento previamente descrito. De forma alternativa, puede acceder a información más detallada y cambiar sus preferencias antes de otorgar o negar su consentimiento. Tenga en cuenta que algún procesamiento de sus datos personales puede no requerir de su consentimiento, pero usted tiene el derecho de rechazar tal procesamiento. Sus preferencias se aplicarán en toda la web. Más información.

Reducir

985024744

634760404

mrverticales@gmail.com

Etiquetas del contenido

¿El calor libera amianto? Mitos y realidades sobre las altas temperaturas

Fecha: 22 de Mayo de 2026

Cada primavera/verano, especialmente durante las olas de calor, vuelve a surgir la misma duda en muchas comunidades de vecinos, naves industriales y edificios antiguos: ¿las altas temperaturas pueden hacer que el amianto se vuelva más peligroso? La pregunta no es casual. En España todavía existen miles de cubiertas y elementos fabricados con fibrocemento con amianto instalados hace décadas, muchos de ellos ya muy envejecidos y expuestos continuamente al sol, la lluvia y los cambios extremos de temperatura.

La preocupación suele venir acompañada de una idea bastante extendida: que el calor “activa” el amianto o hace que libere fibras automáticamente. Sin embargo, la realidad es algo más compleja. El amianto no se derrite al sol ni genera emisiones peligrosas únicamente porque suba la temperatura. Pero eso no significa que el calor no tenga ningún efecto sobre estos materiales.

Para entenderlo correctamente, primero conviene recordar qué es exactamente el amianto y por qué se utilizó durante tantos años en construcción.

El amianto —también conocido como asbesto— es un conjunto de minerales de origen natural formados por fibras microscópicas extremadamente resistentes. Durante buena parte del siglo XX fue considerado un material casi perfecto para la construcción: era barato, aislante, resistente al fuego, duradero y soportaba muy bien las altas temperaturas. Precisamente por esa resistencia térmica se utilizó masivamente en cubiertas de fibrocemento, depósitos de agua, bajantes, conductos y numerosos elementos industriales.

El problema apareció años después, cuando se demostró que la inhalación de sus fibras podía provocar enfermedades graves. A partir de ese momento, el amianto pasó de ser un material habitual a convertirse en un residuo peligroso cuya manipulación quedó estrictamente regulada.

Entonces, ¿qué ocurre cuando una cubierta con amianto pasa años sometida al calor del verano?

Lo primero que hay que aclarar es que el calor por sí solo no hace que el amianto se desprenda de manera inmediata. Las placas de fibrocemento no empiezan a liberar fibras simplemente porque haga 35 o 40 grados. De hecho, una de las propiedades que hicieron popular este material fue precisamente su capacidad para soportar temperaturas elevadas.

La cuestión importante no está en la temperatura puntual, sino en el envejecimiento acumulado durante décadas. Una cubierta instalada hace cuarenta años ha soportado miles de ciclos de dilatación y contracción provocados por el sol, las heladas, la humedad y los cambios bruscos de temperatura. Ese desgaste continuo termina afectando a la estructura del fibrocemento.

Con el paso del tiempo, la superficie pierde cohesión, aparecen pequeñas fisuras y el material se vuelve más frágil y poroso. Muchas cubiertas antiguas muestran ya señales evidentes de erosión: bordes deteriorados, grietas, desprendimientos superficiales o zonas con aspecto arenoso. Es ahí donde empieza el verdadero problema.

El calor no “libera” el amianto directamente, pero sí acelera el deterioro del material que lo contiene. Y cuanto más deteriorado está el fibrocemento, mayor es el riesgo de que las fibras puedan desprenderse ante roturas, vibraciones o manipulaciones.

Además, las condiciones climáticas actuales están intensificando este proceso. Las olas de calor cada vez más frecuentes, unidas a tormentas intensas y episodios de granizo, someten a las cubiertas antiguas a esfuerzos para los que muchas ya no están preparadas. En verano es habitual que se detecten problemas que habían pasado desapercibidos durante años: filtraciones, placas debilitadas o roturas en zonas especialmente expuestas al sol.

A esto se suma otro factor importante: es precisamente durante los meses de calor cuando más intervenciones se realizan sobre cubiertas. Instalaciones de placas solares, reparaciones, limpiezas o reformas hacen que muchos propietarios descubran la presencia de amianto casi por sorpresa. Y es en esas actuaciones donde existe el mayor riesgo si el material se manipula incorrectamente.

Porque el verdadero peligro del amianto aparece cuando se corta, perfora, rompe o desmonta sin las medidas adecuadas. Una cubierta envejecida puede mantenerse relativamente estable mientras permanece intacta, pero una intervención improvisada puede liberar fibras al ambiente de forma peligrosa. Por eso la retirada de amianto solo puede realizarse mediante empresas autorizadas y siguiendo protocolos específicos de seguridad.

Existe también otro aspecto menos comentado pero cada vez más importante: el comportamiento térmico de estas cubiertas antiguas. Muchas naves industriales y edificios con fibrocemento sufren temperaturas extremadamente elevadas en verano debido al escaso aislamiento de materiales instalados hace décadas. En algunos casos, las cubiertas actúan prácticamente como una placa expuesta continuamente al sol, aumentando considerablemente la temperatura interior.

Por ese motivo, muchas empresas aprovechan actualmente la retirada de amianto para modernizar completamente la cubierta del edificio, mejorando tanto la seguridad como la eficiencia energética y el confort térmico. Sustituir una cubierta envejecida no solo elimina un material potencialmente peligroso, sino que también permite reducir temperatura interior, evitar filtraciones y adaptar el edificio a estándares mucho más eficientes.

En definitiva, el calor no convierte automáticamente una cubierta con amianto en un riesgo inmediato, pero sí influye en su degradación progresiva. El problema no es una ola de calor puntual, sino décadas de exposición acumulada sobre materiales que, en muchos casos, ya han superado ampliamente su vida útil.

Por eso, revisar periódicamente el estado de las cubiertas antiguas y actuar de forma preventiva resulta fundamental. Detectar a tiempo el deterioro evita riesgos mayores y permite planificar la retirada de forma segura, controlada y conforme a la normativa vigente.

En MR Verticales contamos con licencia oficial para llevar a cabo la retirada de amianto, realizando cada intervención conforme a la normativa vigente y aplicando todos los protocolos de seguridad necesarios para garantizar una gestión segura del material. ¿Nos necesitas? Trabajamos retirando amianto en Gijón, en todo el territorio del Principado de Asturias y toda España. Contáctanos.

Otros contenidos relacionados

Contenidos relacionados